La Normalidad
Del 15 de febrero al
19 de marzo de 2006
Palais de Glace
Posadas 1725
Buenos Aires
Entrada libre y gratuita
EL PROYECTO

Variaciones sobre Menem o diferencia y repetición

Para decirlo todo de una vez: las patillas de Menem se han ido emprolijando y acortando hasta -casi- desaparecer. Este recorte, a su vez, se debe a una metamorfosis mas integral que comporta el cambio del papel representado.

Los extremos

Veamos los extremos: en los años ´70, junto a Perón, Menem representa la continuidad entre los caudillos del norte del país -sobre todo con el también riojano Facundo Quiroga y las montoneras federales- y el peronismo contemporáneo y su arrolladora energía multitudinaria. Hay una fotografía de noviembre del '73 en la que el joven Menem se acerca al último Perón. Este último está de frente. Sonriendo. Menem aparece de perfil, con sus clásicas patillas. La foto está en blanco y negro. En fin, la continuidad de unas fuerzas telúricas que se alimentan de la tradición.

Y esa tradición dice dos cosas: que los unitarios, liberales y pitucos de la ciudad de Buenos Aires, es decir, la representación oligárquica de la civilización, será vencida política y militarmente por los combatientes de las entrañas de la tierra, corazón de un país que ha quedado en una situación periférica, anatemizada como bárbara.

En el 2003 Menem actúa los poderes globales. Representa el papel de pequeño gran líder que sabe de estrategia, como aquel otro llamado Rosas, o mejor aún, el que realmente importa: Juan Domingo Perón.

Ya no son las masas. Ahora es el líder. Ya no es la pasión. Ahora es la razón estratégica. Ya no es la multitud combativa. Ahora es la destreza a la hora de administrar recursos, y vincularse con los poderes vencedores. Ya no son las ínfulas igualitarias, sino la manipulación de la miseria.

El Menem actual representa, como dice Horacio González, un cálculo muy profundo sobre las conveniencias de aliarse con los vencedores en el plano mundial.

Según León Rozitchner, Menem es el maestro de la simulación, al gozar del ejercicio de un poder ajeno, el del mercado mundial, como si tal poder emanara de su voluntad. Menem es el gran sacerdote de las tendencias adaptativas, tácticas y reactivas de la sociedad argentina.

Con el vocabulario de Gramsci podría decirse que esa transición de un extremo a otro es la que comienza actuando el partido de la nación, y culmina representando al partido del imperio.

Pero existen las imágenes de la transición. De la metamorfosis misma. En especial, existen un conjunto de fotos de la campaña presidencial de los años 88 y 89, en los que Menem es un personaje aterrador. Se ha escindido entre los dos extremos. Es como un actor vacío, tironeado entre dos guiones. Actúa, sin dudas, una escena extremadamente difícil. El síntoma de esta dificultad: el anacronismo de sus patillas.

La metamorfosis

Tomemos algunas fotos de la campaña. Tenemos a mano dos. Una retrata al Menemóvil. El camión, mas o menos precario, circula por el Gran Bs. As. La otra en una olla popular. Se trata de un almuerzo. Ñoquis. En el barrio porteño de La Boca

Fotografía 1: El Menemóvil
La primer fotografía es mas sencilla. El camión está cargado de personas. Todos hombres. Todos de edad media. El modo en que se amontonan allí es la de una hinchada de fútbol. O la de un grupo de trabajadores, o tal vez, la de un malón contemporáneo. Incluso en la cabina se viaja apretujado.

Todos quienes están allí usan camperas. Debe tratarse del invierno del 89. En el centro, de torso entero, está el candidato. Campera de cuero, como todos, y polera clara. Saluda con su brazo derecho imitando a Perón. No es posible distinguirlo por la calidad de su atuendo. Sin embargo, su figura se individualiza eficazmente gracias a sus patillas.

Entre la decena de personas que rodean al futuro presidente se distinguen nítidamente a tres: a su izquierda, pegado a Menem pero levemente detrás -y hasta tapado por éste- se encuentra Eduardo Duhalde, su entonces compañero de fórmula, luego vicepresidente, dos veces gobernador de la Provincia de Bs-As y finalmente presidente, a partir de los sucesos de las jornadas de los días 19 y 20 del 2001.

Duhalde levanta sus dos brazos. Pero sus manos no hacen gesto alguno. Mas bien se agarra del parante del camión. Luce campera y bufanda. Sonríe con gesto claro. A su izquierda, se encuentra Alberto Pierri. Campera abierta. Sus brazos caen. Sonríe apenas. Pierri es un empresario que controla -en ese entonces, al menos- el distrito mas importante de la Provincia de Bs. As: La Matanza. Pierri es, entonces, menemista, pero sobre todo duhaldista. Junto a él constituyen la maquinaria que, en pocos años, se extenderá como una red clientelar, pero también patoteril, en los barrios de la provincia. Finalmente, a la derecha del candidato a presidente se encuentra Juan Carlos Rousselot, antiguo dirigente de la ultraderecha peronista, del distrito de Morón: un matón que trabajó durante el gobierno de Isabel Perón en los escuadrones de la muerte de las Tres A.

El menemóvil recorre los barrios de la provincia de Bs. As. paseando al nuevo caudillo. Se ven enormes parlantes que seguramente difunden jingles de campaña y la marcha peronista.

La foto está en blanco y negro. Ya nunca mas se verán en Argentina campañas así. En cierta forma, Menem representa la última escena de la connivencia de la figura del hacedor junto al de la esperanza. Luego de esta última escena, los papeles se tornan incompatibles. Menem representará una cierta capacidad de gestión de las fuerzas del mercado, de los negocios, de las mafias y de los poderes locales, y quienes pretendan fungir como figuras-esperanzadoras no lo harán ya a partir de un carácter político tan definido.

Fotografía 2: Los ñoquis
La segunda fotografía sitúa a Carlos Menem entre los vecinos del barrio. Son todos morochos. Todos se agrupan con él. Se mezclan físicamente. Menem disfruta. Está distendido. El candidato tiene una la misma campera que en la foto anterior. Incluso la misma polera clara. Lo único que los distingue de la foto anterior es un poncho norteño que le cuelga sobre los hombros. No sería extraño que ambas fotos pertenezcan a una misma jornada de campaña. Ni que esta jornada sea muy próxima a la elección presidencial.

Menem está saludando al fotógrafo. Junto a él, todos posan. Se ve una mano que sale de atrás de todo. Es oscura, y está apoyada sobre el hombro emponchado de Menem. El candidato tiene magnetismo: la gente lo toca. Otra mano, la de Menem hace la clásica V peronista. El cocinero de la olla lo imita.

Por sobre la cabeza de Menem sobresale un rostro claramente inidentificable. Se trata de alguien de pelo cano, rasgos definido, alto, y sobre todo, de alguien que protege las espaldas del próximo presidente. Se trata de Rousselot -que participa también de la foto anterior- y que, según parece, pertenece a esta segunda fotografía por derecho propio. El no es de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo es el único dirigente que acompaña al candidato.

La fotografía sigue hablándonos. La olla está delante del candidato. Sale humo. Al lado de Menem están los dos cocineros, sin embargo es claro que esa olla está allí gracias al candidato. Menem está cerca de la gente mas humilde, y no se acerca de cualquier forma, sino a la hora de la comida. El mismo cuida de su gente a través de la comida.

Encima de la gente se ven dos edificios antiguos. Uno está descuidado. El otro refaccionado. Mas acá, se llega a vislumbrar la estructura de una construcción. Se están refaccionando algunas casas. Menem habla un lenguaje antiguo, pero lo que deja ver es una voluntad de renovación. La hipótesis de lectura de esta fotografía es, claro, que la tensión de los lenguajes de Menem se encuentra ya en ciernes: la promesa de participar de una transformación en la que las fuerzas motrices serán la retórica de la revolución y la continuidad, los negocios apoyados en los matones y las redes de control barriales, y la apelación a las potencias del mercado para reestructurar la ciudad.

Argentina hacia el año 2000

Un libro de entrevistas a Carlos Menem publicado en abril del 86 por editorial Galerna se difundió muy especialmente hasta comienzos del año 89. Lo escribe un joven periodista -entonces de 24 años-, peronista y amigo de Menem que luego escribiría sus primeros discursos desde la Secretaría de la Función Pública del estado Nacional y mas tarde sería su Ministro del Interior. Su nombre es Gustavo Béliz. Sus credenciales, ser miembro conspicuo del Opus Dei. Luego, denunciará al gobierno de Menem. Dirá que es un "nido de víboras" y renunciará luego. A partir de allí se asociará primero con el candidato que se opuso a Menem en el año 95. Luego a Domingo Cavallo, y finalmente -hasta ahora- a Néstor Kirchner.

El título del libro es Menem, Argentina hacia el año 2000, y se trata de la postulación del guión completo del Menem de pobladas patillas. Allí se desmenuza el recorrido completo de la biografía política del candidato, su prisión durante la última dictadura, su amistad con Perón y luego su fidelidad a Isabel, su oposición a las Tres A, su negativa frente a un capitalismo especulativo y financiero y su valoración de la producción industrial, mercado internista y de corte nacional, su antiimperialismo, con condena al FMI incluida y su papel en la renovación peronista, pero también aparece su vocación historiográfica, su valoración de las montoneras federales, de la historia negra de la barbarie contra la oligarquía "civilizada", rescata la herencia cultural de la tradición "nacional y popular" y hace un elogio de los intelectuales ligados a esta tradición, repasa sus encuentros con Perón, relata toda la mitología de su movimiento y se postula como genuino heredero tras la muerte del líder, retoma las banderas de la guerra de Malvinas, analiza la crisis del peronismo tras la derrota frente a Alfonsín en el 83, se distancia de la socialdemocracia, fija la actualidad de la idea de que la clase obrera es la columna vertebral del peronismo y condena la "infiltración liberal" en el movimiento.

Entre sus frases destacadas se encuentra:

"El estado es la palanca de la liberación nacional", pag. 42.

"Algunos solucionan todo muy fácil: quieren privatizar empresas y racionalizar cien mil empleados públicos. No piensan en el costo social de semejante operación, en la desocupación que eso generaría". Pag. 42.

"Yo le preguntaría a muchos radicales qué diferencia a ellos de Martínez de Hoz. Porque están demostrando aplicar sus mismas recetas monetarias, que dañan el aparato productivo y sumergen en el atraso al país y especialmente a su clase trabajadora. Piensan que eliminar la inflación ya es la panacea, y ni siquiera reparan que cualquier proceso de desarrollo presenta como condición ineludible una inflación del 60 % anual promedio". Pag. 46.

"La crisis económica y la deuda es lo que va a unir a los países de América Latina, más aún de lo que los unió la guerra de las Malvinas". Pag. 50

"Si en el Norte acreedor no entienden razones, habrá que decirles "déjennos crecer, y vengan en 10 años que después hablamos". Pag. 51

"Estoy seguro que todos los argentinos comprenden que sin liberación la paz de hoy no será duradera". Pag. 204

"Los reclamos de dignidad de nuestro pueblo, hoy no pueden concretarse sin una tarea liberadora. Hoy, la emancipación nacional pasa por romper los lazos de la dependencia. Resulta absolutamente imposible para la Argentina encarar ninguna solución intermedia. El dilema está ahí. La transformación pasa por ahí, como pasó siempre... Y eso sólo puede conseguirse con una actitud independiente y audaz de los centros de poder mundial. De modo que estoy seguro que el pueblo siente la necesidad de la liberación. No hay que apurar los procesos, pero tampoco hay que retrasarlos. La gente está afirmando la puntería y está buscando la herramienta más idónea para producir ese cambio social trascendente". Pag. 204/5

"Mire, yo no le voy a negar que para liberar al país no se puede respetar la libertad de todo el mundo, por supuesto. La libertad de la oligarquía no se puede respetar, por la sencilla razón de que no es libertad. En un estado de injusticia social, la libertad es una simple quimera, es una falsa libertad". Pag. 205

"Mire, la oligarquía es la Patria Financiera, son los empresarios que prefieren hacer fugar sus capitales y hoy no quieren traerlos nuevamente para producir al país, son los evasores de impuestos, los que están asociados espúreamente a los intereses extranjeros, los que hablan de libertad sólo para mantener sus monopolios...Por supuesto que la oligarquía existe... Hoy este cipayismo adquirió características menos elocuentes, tal vez, aunque sus fines sean los mismos: descapitalizar el país, desnacionalizarlo e insertarlo en una conveniente división del trabajo. Conveniente...para el imperialismo acreedor". Pag. 244.

Empresarios piden a Menem que asuma antes el poder

La lectura de los diarios de los días inmediatamente posteriores a las elecciones presidenciales nos muestran una foto de Carlos Menem, presidente electo, con traje oscuro. El pelo teñido, y las patillas ya recortadas. Los empresarios piden a Menem que asuma con urgencia el gobierno. Las elecciones fueron el 14 de mayo. La noticia de la fecha pertenece al 2 de junio del 89.

La noticia sale en el diario Sur. Y viene con firma: Nancy Pazos. Allí se informa que "Empresarios industriales y mercantiles de entidades nacionales coincidieron en expresar en forma separada al presidente electo, Carlos Menem, que resulta necesario al acortamiento del traspaso del poder ya". Entre estos empresarios se destacan Amalia Lacroze de Fortabat, dueña de la empresa de cemento mas grande del país, Loma Negra, y uno de sus mas importantes ejecutivos, Eugenio Aramburu, hijo del teniente general Pedro Eugenio Aramburu, quien tras haber sido presidente del gobierno que destronó en el 55 a Perón, fue muerto por Montoneros.

En la misma noticia se notifican los rumores según los cuales el nóvel presidente ofrecería a Aramburu hijo "un importante cargo en el área de justicia".

Fotografía 3: El jugador
Tenemos una tercera foto. Salió publicada en el diario Página/12 del 13 de enero del 91. Aún mantiene -si bien recortadas- sus patillas. Está vestido con un mameluco y una camisa de trabajo. Junto a él hay unas 8 o 9 personas de similar vestimenta. Varios tienen el mismo mameluco que el presidente. Nuevamente, son todos hombres. La habitación es mas bien pequeña y cuelgan allí varios cuadros indistinguibles pero que parecen mas bien diplomas enmarcados, fotografías, o reglamentaciones. La escena parece ser la de una visita del presidente a un sindicato.

En la fotografía se ve a Menem recostado sobre una mesa de pool. Menem está concentrado. Con el taco en la mano, calculando el golpe. Quienes lo rodean se divierten. Sonríen. No parecen estar jugando. Ninguno tiene un taco visible en sus manos.

En la pared, sobre los cuadros se lee la primera parte de una frase incompleta, porque la tapa alguien. Dice algo así como "cuando tu llegaste y..." abajo "cuando te vayas no sa..."

La foto está publicada en el libro La carpa de Alí Baba, Ed. Legasa, 1991. Un epígrafe nos da algo mas de información: se nos dice que la escena se desarrolla en una navidad antártica. Se atribuye al fotógrafo el revelamiento de la frase completa del cartel: "Cuando tu llegaste estaban todos, cuando te vayas no se salva nadie".

El legado de Perón

En 1995, con motivo de una nueva celebración del 17 de octubre, día de la lealtad peronista, el recientemente re-electo presidente Carlos Menem publicó una extensa solicitada en los diarios nacionales. Su título era El legado del Perón. En ese texto Menem cuenta que de joven -en La Rioja- escuchó por la radio de las movilizaciones populares del 45 y cómo desde aquella época adhirió al ejemplo de Perón y Evita. "De él aprendimos la necesidad del cambio y la justicia social. Evita es la encarnación y la mística revolucionaria a favor de los humildes. De ambos como legado, la doctrina justicialista, que es la expresión humanista y cristiana, que define la voluntad de un pueblo para elaborar su propio destino". Y finalmente, "Perón siempre dijo que "el año 2000 nos encontrará unidos o dominados. Hoy, podemos decir que estamos cumpliendo ese mandato de unidad".

¿Diferencia y repetición?

Estas imágenes han saturado la era menemista. Hubieron muchas otras. Con mujeres, con autos lujosos. Menem ha estado omnipresente durante toda una década de la televisión. Hay imágenes también de Menem con Bus padre, Menem preso, Menem con Bolocco, Menem con militares, Menem con empresarios, etc.

En todas ellas, sin embargo, como hemos intentado mostrarlo en las tres fotos elegidas, Menem aparece como el gran jugador. Su juego consiste en saber contar las fuerzas reales -por mas oscuras que sean- de la situación. Un realista extremo. Pero a la vez, Menem es el cómico, el actor, alguien que no es dueño del poder que dice ejercer. Su juego es la simulación de una soberanía ajena. Disfrutar de unas fuerzas que no maneja, pero que, sin embargo, sabe utilizar a su favor o, aún mejor, dramatiza de manera tal que se torna imagen inevitable y necesaria de la propia estructura de poder que, sin haberlo necesitado termina por aceptarlo como imagen pública.

Colectivo Situaciones, Marzo 2003