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El caudillo castrado
En esta nota pretendemos decir algo acerca de la mano que manipula. Esa mano organiza un
tipo de situación de la mirada que fue muy analizado; aquí los roles están claramente
sexualizados. El objeto (y su propia dialéctica de posar) es femenino, el dueño e
ingeniero de la mirada es masculino. Aquí los roles están cambiados: la mujer rubia
dirige la cámara hacia un personaje que se identifica como masculino por su postura
luchadora. En un análisis tradicional se hablaría de castración, una castración donde el
personaje del piquetero tiene una doble función: cubre la vergüenza verdadera -el no ser
caudillo (el personaje se presenta por separado delante de una difusa alusión de una
masa)- y a la vez es la figura del caudillo. En nuestras cabezas aparece otra imagen:
Menem con patillas, una campera de cuero y un chal ancho, en el barrio de La Boca. Alza
la mano para el saludo peronista, en medio de trabajadores de una obra, delante de una
gran olla humeante. (Verbalizando esta foto nos reímos mucho, porque muestra de forma muy
precisa los deseos del estado nacional del bienestar.) La mano manipuladora, ¿pensaría en
montar a este grupo como objeto de una mirada femenina?
Volviendo al caudillo castrado, nos llama la atención que en muchos artículos y ensayos,
la Argentina está representada como un país que fue vendido a empresas "extranjeras".
Estas descripciones aluden trabajosamente a una metáfora que tiene que ver con lo sexual:
el estado (el sujeto nacional) manda al país a hacer la calle como si fuera una
prostituta. (¿Qué pasa si el sujeto nacional no sirve como proxeneta?)
Escuchamos este tipo de relatos en el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Aperecía sobre
todo en los paneles más representativos, donde se trataba de retomar la soberanía de una
economía nacional y donde los sitios de los buenos y de los malos en la explotación
internacional estaban claramente repartidos. La reinstalación de una ideología nacional
trata de opacar las verdaderas y difusas relaciones económicas de los funcionarios
locales con los fncionarios internacionales. Esta postura nos confirma los relatos que
cuentan que el año pasado se mandaron grupos de choque a pegarle a la gente en las
manifestaciones - no aquellas que eran contra el FMI, sino en aquellas en que el nombre
de Duhalde era excesivamente mencionado.
Esta explicación económica se queda corta cuando se trata de la mano que manipula y
sirve, cuando se trata del deseo de un patrón con trabajadores en una obra con gorras
blancas delante de una olla humeante y de una función social intacta de los intelectuales
como mediadores entre estas entidades patrón, país/estado, pueblo etc. Quizá la mano se
acuerda de la crítica que se hizo 30 años atrás (el tiempo en que se fabricaba la
videocámara del fotomontaje) al imperialismo cultural de Estados Unidos. Esta crítica se
transmite ahora a las mujeres rubias y a los estudiantes extranjeros que ven algo muy
vergonzoso: movimientos que no comparten el deseo de un patrón ni del trabajo y tampoco
quieren intermediarios ni representantes. La mano manipuladora está en peligro de
desocupación.
A.C./A.S. Buenos Aires, marzo de 2003
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