La Normalidad
Del 15 de febrero al
19 de marzo de 2006
Palais de Glace
Posadas 1725
Buenos Aires
Entrada libre y gratuita
EL PROYECTO

El caudillo castrado

En esta nota pretendemos decir algo acerca de la mano que manipula. Esa mano organiza un tipo de situación de la mirada que fue muy analizado; aquí los roles están claramente sexualizados. El objeto (y su propia dialéctica de posar) es femenino, el dueño e ingeniero de la mirada es masculino. Aquí los roles están cambiados: la mujer rubia dirige la cámara hacia un personaje que se identifica como masculino por su postura luchadora. En un análisis tradicional se hablaría de castración, una castración donde el personaje del piquetero tiene una doble función: cubre la vergüenza verdadera -el no ser caudillo (el personaje se presenta por separado delante de una difusa alusión de una masa)- y a la vez es la figura del caudillo. En nuestras cabezas aparece otra imagen: Menem con patillas, una campera de cuero y un chal ancho, en el barrio de La Boca. Alza la mano para el saludo peronista, en medio de trabajadores de una obra, delante de una gran olla humeante. (Verbalizando esta foto nos reímos mucho, porque muestra de forma muy precisa los deseos del estado nacional del bienestar.) La mano manipuladora, ¿pensaría en montar a este grupo como objeto de una mirada femenina?

Volviendo al caudillo castrado, nos llama la atención que en muchos artículos y ensayos, la Argentina está representada como un país que fue vendido a empresas "extranjeras". Estas descripciones aluden trabajosamente a una metáfora que tiene que ver con lo sexual: el estado (el sujeto nacional) manda al país a hacer la calle como si fuera una prostituta. (¿Qué pasa si el sujeto nacional no sirve como proxeneta?)

Escuchamos este tipo de relatos en el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Aperecía sobre todo en los paneles más representativos, donde se trataba de retomar la soberanía de una economía nacional y donde los sitios de los buenos y de los malos en la explotación internacional estaban claramente repartidos. La reinstalación de una ideología nacional trata de opacar las verdaderas y difusas relaciones económicas de los funcionarios locales con los fncionarios internacionales. Esta postura nos confirma los relatos que cuentan que el año pasado se mandaron grupos de choque a pegarle a la gente en las manifestaciones - no aquellas que eran contra el FMI, sino en aquellas en que el nombre de Duhalde era excesivamente mencionado.

Esta explicación económica se queda corta cuando se trata de la mano que manipula y sirve, cuando se trata del deseo de un patrón con trabajadores en una obra con gorras blancas delante de una olla humeante y de una función social intacta de los intelectuales como mediadores entre estas entidades patrón, país/estado, pueblo etc. Quizá la mano se acuerda de la crítica que se hizo 30 años atrás (el tiempo en que se fabricaba la videocámara del fotomontaje) al imperialismo cultural de Estados Unidos. Esta crítica se transmite ahora a las mujeres rubias y a los estudiantes extranjeros que ven algo muy vergonzoso: movimientos que no comparten el deseo de un patrón ni del trabajo y tampoco quieren intermediarios ni representantes. La mano manipuladora está en peligro de desocupación.

A.C./A.S. Buenos Aires, marzo de 2003