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Cartas de viaje
Carta 3
Buenos Aires, 8 de enero de 2003
En esta carta continuamos con nuestra reflexión acerca de la producción de imágenes: sus contenidos, a quiénes reflejan, qué implican y al servicio de quién están. Partimos de la base de dos situaciones referentes a la producción de imágenes que se dejan interpretar como estrategias políticas. En este contexto, la palabra "Manipulación" es un concepto un tanto pasado de moda porque sugiere una separación entre aquello que se manipula y los hechos en sí. Aquí no puede hablarse de una escisión entre hechos e intenciones porque la estructuración está demasiado implicada con los hechos y la fe de los implicados. (Percibimos, otra vez, que el caudal de información de nuestra carta le será más útil a los lectores no-argentinos. Por eso les pedimos a nuestros colegas argentinos que nos tengan un poco mas de paciencia y, al mismo tiempo, tengan a bien hacer una lectura crítica o correctiva de la carta.)
La primera de estas situaciones se remite a una tarde de diciembre. Esperamos el ascensor para subir a un departamento de un octavo piso, antes pasamos delante del portero del edificio sentado ante un mostrador de estilo art-déco sobre el que se ve la pantalla de un televisor que transmite un programa político. En ese preciso momento están pasando un informe sobre el hambre en la Provincia de Tucumán. Se ve la imagen de un niño de meses que acaba de morir y ha sido separado de la tubería que lo alimentaba artificialmente. El niño yace de costado sobre las sábanas blancas y está vestido sólo con pañales. Detrás de él pueden reconocerse los artefactos necesarios. Durante todos esos días esa misma imagen había poblado los titulares de toda la prensa escrita. La imagen da cuenta de que, en realidad, existe el equipamiento necesario en estos casos: la técnica y el personal debidamente preparado. Sólo que el niño llegó al hospital demasiado tarde, que su muerte es un accidente que podría haberse evitado, que esa muerte es terrible, que no tiene precedentes, un verdadero trauma. Aún así resulta inevitable suponer que esa muerte está relacionada con un escándalo social y acaso también una suerte de vergüenza colectiva. Esto último se percibe a través de la gesticulación de los moderadores quienes, delante del fondo azul del estudio (azul, símbolo del mundo, es el color de todos los programas de noticias) comienza el proceso de racionalización de la noticia: estadísticas, encuestas, reportajes a los expertos, propuestas para una pronta solución del problema. Al poco tiempo esa imagen desaparecerá de todos los medios.
Algunos amigos nos advierten sobre una coincidencia: entre la reiteración de esa imagen y el período en que el gobierno está rechazando fuertemente la exigencia del FMI de cortar los programas sociales y la amenaza del Banco Mundial de cortarle los créditos a la Argentina. Nos dicen que hay hambre en las provincias por lo menos desde mediados de los años noventa, cuando comenzaron a sentirse las consecuencias concretas de la aplicación de las políticas neoliberales en materia económica; que ese hambre es tal vez una novedad para la gente de la ciudad de Buenos Aires, pero no para una gran parte del país. Nos preguntan si acaso no vemos hoy el hambre delante de nuestras narices: niños que revuelven con sus familias las bolsas de residuos de toda la ciudad y sirven como "recicladores" de basura. Les contestamos que sí, que los vemos, pero que no los podemos dar por ciertos como si una sinapsis mental estuviera bloqueada, impidiendo establecer una conexión entre estímulo y respuesta porque, si así fuera, nos levantaríamos de inmediato de la mesa de café, del escritorio, del teatro... saldríamos corriendo hacia esas personas que duermen en los parques, en las plazas, en la entrada de algunos edificios... a regalarles todo el dinero que tenemos. Ese bloqueo también responde a argumentaciones del estilo "el gesto caritativo es sentimental y es humillante porque contribuye a sedimentar el escándalo de la injusta distribución de la riqueza, y que nosotros, con nuestro trabajo podemos contribuir, quizás, a que parte de esa sensación de escándalo, de bochorno, de exasperación llegue a algunas conciencias." Pero ante situaciones como las que acabamos de describir, argumentos de este estilo no significan nada y en nada contribuyen a paliar un poco ese inconcebible sentimiento de pudor o vergüenza que cotidianamente nos habita cuando nos topamos con personas que no tienen dientes, que no tienen vivienda, que tienen hambre.
Pocos días después vemos algunos videos sobre Tucumán Arde: Imágenes de la pobreza que circularon durante 1968 en la prensa de entonces motivaron a artistas, intelectuales y periodistas a viajar a Tucumán con el fin de verificar el entorno real de esas imágenes. El nombre de Tucumán pintado por los artistas en las paredes de la ciudades de Rosario y Buenos Aires, debía servir de escarmiento y vergüenza. Tucumán es la ciudad y la provincia en las que se fundó la Argentina; Tucumán es también una de las regiones del país que más riquezas produjo, un escenario esplendoroso para el enriquecimiento de algunas familias en connivencia con el Estado nacional y Provincial. Antes se monocultivaba allí la caña de azúcar, hoy Tucumán es el tercer exportador de limones del mundo. En Tucumán comenzó a cultivarse uno de los productos más importantes para el comercio exterior de la Argentina: la soja, que hoy rinde cuantiosas ganancias gracias a que es abonada por una sustancia manipulada genéticamente que la Argentina le compra exclusivamente al laboratorio Monsanto. De aquella exposición podemos ver algunas imágenes rápidas y borrosas: Diarios pegados en las paredes, carteles, inscripciones en el suelo. Se trata de una muestra que denuncia los salarios escandalosamente bajos, la suspensión del subsidio a la plantación azucarera y, con ello, el desempleo masivo en los ingenios, el hambre, la miseria y el trabajo infantil. Uno tiene la sensación de que aquella muestra apenas puede producir imágenes: la furia de estos testigos es tan grande, que la producción de imágenes, la técnica correspondiente y los sistemas de la vanguardia estética no so suficientes para expresar la indignación. O, dicho de otra manera: en el contexto de esta realidad política, la técnica se revela como un el uso infame de tácticas vanguardistas que no denuncian sino ocultan una realidad política largamente ignorada. Cuando, al poco de inaugurada la policía clausura la muestra, en las paredes el nombre de la Provincia se completa con ARDE.
Nosotros viajamos a Tucumán. En la última carta mencionamos la dificultad de encontrar imágenes adecuadas para la "crisis" en la cotidianeidad de la clase media. En Tucumán, el territorio de la clase media se acoraza directamente al pie del cerro, arqueada como la espina dorsal de algún animal al que le faltan las costillas: una línea exigua de casas coloniales, edificios de gobierno, shoppings refulgentes, iglesias y restaurantes en cuyo límite las calles se interrumpen abruptamente, cesa la iluminación para dar paso directo a una inacabable serie de villas miserias. Nos dicen que esas villas están desde hace mucho tiempo, igual que el hambre. Nosotros inferimos: diferentes equipos periodísticos pasaron sus cámaras por los slums, imprimieron las imágenes, las editaron, las emitieron, en una contemporaneidad similar a la caída de un avión: ésa, la verdadera producción de la "crisis", crisis como una definición operativa, concertada, imágenes que funcionan como instrumento de esa operación.
Brevemente y, para terminar, dos palabras acerca de la segunda situación: el19 de diciembre estamos hacia la noche en la Plaza de Mayo, atraídos por los anuncios de enormes demostraciones para conmemorar el primer año de las protestas que llevaron a la caída del gobierno de Fernando de la Rúa y al asesinato de por lo menos treinta personas en todo el país. Lo que vemos allí es una dificultosa combinación de diferentes jubileos. Todo el mundo sabe aquí que esas protestas espontáneas fueron el escenario de un escabroso telón de fondo que articuló la caída de De la Rúa para tomar el poder, que aquellos primeros saqueos fueron inducidos: los atentados en contra de la propiedad - los símbolos de la clase media - siempre fueron la primera causa para decretar el estado de sitio: así se gestó el aborto de un gobierno detestable; las protestas funcionales que sirvieron de fugaz y brillante primer plano, fueron desarticuladas de inmediato a través de ejecuciones ejemplares. Pero esas protestas no desaparecieron en el cajón de las imágenes desechadas por la manipulación política, continuaron a su manera: fragmentarias, adquiriendo formas de organización autónoma, contenidos solidarios diferentes. Eso también se festeja hoy. La tarde transcurre en calma. Hay algunos carteles, carritos que venden bebidas, banderas, choripán o entregan material impreso. Hay una pared en la que se exhiben las fotos de la protesta del año anterior, en la que los concurrentes pueden tal vez reconocerse, como si se hubiese tratado de la exhibición de fotografías de una excursión colectiva en algún día feriado (la muestra está organizada por el colectivo "Argentina Arde"). La plaza tiene dos circuitos de observadores: Por un lado, móviles y cámaras; por el otro, tanques, camiones y armas que asoman detrás de una esquina. Una cámara registra a un pequeño grupo de personas, atrapa la imagen en el monitor y la transforma rápidamente en una masa de gente. La puesta en escena de ambos grupos se parece a la de un mercado de trabajo: todo se mide en función de su utilidad estratégica. Al día siguiente muchos negocios y escuelas de barrios permanecen cerradas, la gente se queda pegada al televisor. Al parecer, el "estado de sitio" funciona hoy dentro de las casas y en las calles de los barrios. Se nos previene: ir al centro podría resultar peligroso, dicen que no hay subtes ni taxis que quieran acercarse a la Plaza, que todo está lleno de policías. Nada de esto es cierto: el viaje al Centro es un placer, los cafés están abiertos, la demostración es pacífica.
P.S.: Hoy, 8 de enero, la prensa celebra otro retorno a la normalidad. El FMI pospuso hasta el mes de abril los plazos de pago que vencían en enero. No se trata de un pago en moneda líquida, sino de una cuestión de terminología: Si la Argentina permanece "dentro" del sistema (es decir: si las negociaciones no se interrumpen) los créditos y todo el dinero adeudado retienen su valor: los bancos internacionales pueden afirmarle a sus casas matrices que el dinero "perdido" no es iliqidez sino inversión. El 7 y 8 de enero protestan los dueños de los negocios de la calle Florida, Policía Federal y militares acuden a limpiar la zona de vendedores ambulantes y puestos callejeros. Los "ocupantes ilegales" de la calle son dispersados a palos de la peatonal. Son puestos que, sin pagar ningún tributo, venden desde afiches y joyas hasta artículos de cuero y pólizas de seguro. Al día siguiente, los vendedores ambulantes protestan junto a los piqueteros (de quienes -al parecer- los novatos esperan protección) y ahorristas que hoy saben definitivamente que han perdido dos tercios de todos sus ahorros. La "crisis" se revela como un gran golpe de timón de los grandes Bancos que, al fin y al cabo, usaron esos ahorros para no perder el dinero que les había pedido prestado el Estado. Para darle carnadura a un sentimiento que nos atrapó durante toda la escritura de esta carta (el s i m u l a c r o), vaya la siguiente coincidencia: Uno de los líderes conspicuos de los ahorristas es el famoso cómico Nito Artaza, célebre por sus increíbles imitaciones, entre ellas, la de Carlos Menem.
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