PRENSA

UTD, Chilavert, Gráfica Patricios y MTD de Solano: cuadro de situación


Sentado frente a un numeroso grupo de heterogéneas nacionalidades, Juan Carlos SIPI Fernández, desarrolló un extenso monólogo que dejó sin palabras a su audiencia. Así se inició la primera jornada de encuentros y talleres organizadas en el marco de La Normalidad. Esta vez, el escenario fue la imprenta recuperada Chilavert, en el barrio de Pompeya, y, en el primer tramo, la dulce tonada salteña de Gipi fue la encargada de hilvanar una historia agria, pero esperanzadora. Dijo Hippie:

"Soy un ex trabajador de YPF y pertenezco a una organización, la UTD, legal en lo ilegal. Hemos visto como a partir de la privatización de esa empresa petrolera 3.000 familias de nuestra comunidad quedaron en la calle y sin futuro y nos sentimos en la obligación de hacer algo. Alli donde el Estado estuvo ausente, nosotros nos hicimos presentes a favor de nuestra comunidad. Eso es lo que intentamos hacer hasta el día de hoy".

A partir de allí, desplegó ante los presentes -primero con palabras y luego con fotos- ese prodigio productivo que es la Unión de Trabajadores Desocupados de Mosconi. Huertas, escuelas, comedores, obradores, talleres de reciclado de plástico o de costura y hasta una universidad son apenas algunas de las obras que han logrado construir con nada. "No fue fácil ni lo es", sintetizó Hippie y la mención de cinco muertos e inumerables represiones deja en claro que en esa tierra rica, empobrecida con la privatización, se pelea a brazo partido todos los días. También quedó en claro que la UTD ha planificado esta batalla partiendo de una idea clara sobre lo más importante: a qué se enfrentaba. Vida vs muerte, es otra posible síntesis. O en palabras de Hippie: " somos bien concientes de que lo que está en juego es la desaparición de la raza humana".

A partir de esta convicción, la organización se trazó un plan que, con paciencia y coraje, está ejecutando desde hace 10 años. En parte, puede apreciarse en el llamado "Mapa conceptual" que con pinturitas escolares y trazos de una conmovedora dignidad está expuesto en el primer piso del Palais de Glace, conversando -panel de por medio- con otra obra conceptual ejecutada por los franceses del Bureau D´Ètudes, donde se destaca -casi como una bofetada- la siguiente frase:

"El dinero como sistema de información para medir el esfuerzo humano".

Pero aquí en Chilavert, son las palabras de Hippie las que pintan el cuadro:

"Lo primero fue recuperar el recurso humano, gente que había quedado afuera del mercado laboral y que necesitaba contención, pero también formación. Necesitaba comer, pero también pensar que tenía futuro. Y para lograrlo, tuvimos que buscar alternativas diferentes, estrategias diferentes".

El menú que hoy pueden desplegar es así de diverso: proyectos comunitarios, microemprendimientos y macro emprendimientos, según sus propias denominaciones. "Todo lo que enumero no es charlatenería. Es cierto que muchas veces trabajamos a lo loco, pero no somos imprudentes. Hay investigación, hay formación, hay planificación. Y si bien también hay lucha en la ruta y palos y gases y cárcel, sabemos que eso es parte de lo que tenemos que enfrentar en un medio en donde operan empresas multinacionales como Repsol, Tecpetrol y Refinor. Son empresas que se llevan 38 millones de dólares por día y lo único que dejan en muerte y desocupación. Eso es algo que vemos todos los días. Nuestras familias, nuestro vecinos, nuestra comunidad ya no está muriendo a la edad natural de la muerte. Un 60 por ciento está enferma de diabetes o cáncer. Y esto es algo que decimos con conocimiento porque desde el año 92 estamos investigando las consecuencias de la contaminación por parte de estas empresas que derraman químicos en nuestro ríos. Sin ir más lejos, el sábado pasado murió el marido de una de nuestras compañeras, al que meses antes le habían amputado una pierna."

Para librar esta batalla, Hippie señala dos armas fundamentales. Por un lado, la potencia que les da algo que luego define como "sangre y corazón". "Nuestras familias son numerosas, todos nos conocemos, todos sabemos quiénes somos y cómo pensamos. Cuando hablamos, entonces, de nuestra comunidad estamos hablando de nuestros padres, hermanos, parientes. Estamos hablando de nosotros y de lo que estamos dispuestos hacer por nuestros hijos". El otro aliado incondicional es la naturaleza. "Es la que nos permite salvar vidas. Cuando hay represión, porque corremos derecho al monte que nos protege. Y cuando no, porque nos permite comer. Es la tierra del poroto blanco, el maní, el lapacho, el quebracho. No solo del petróleo y el gas."

Hippie cuenta que hace apenas veinte días libró su último round, cuerpo a cuerpo. Le pegaron 16 balazos de goma y lo encerraron en un calabozo junto a otras 25 personas cuando fueron a ofrecer al vicegobernador reparar el puente que la furia del río había arrancado. Así son las cosas en Mosconi. Rodeada de tres ríos bravos, su población tiene solo dos horas de agua por día porque el mayor caudal está destinado a la voracidad de las multinacionales petroleras. Erguida sobre pozos de petróleo y gas, los vecinos cocinan a leña y casi no hay calles asfaltadas. En esta postal, es cierto -señala Hippie- que aún haciendo tanto, los resultados son aún escasos. "Hemos arrancado y puesto a producir 7.600 hectáreas, pero una multinacional del agro tiene, como mínimo, 21.000 hectáreas en esa zona. Entonces, no somos ingenuos. Sabemos que lo que hacemos no alcanza, pero es el comienzo. Y lo más importante, es que sirve de ejemplo. No de nuestra organización, sino de que se puede".


Las otras miradas

Difícil de resumir, la ronda que reunió los testimonios de obreros de fábricas recuperadas e integrantes de movimientos de trabajadores desocupados, expuso -en blanco sobre negro- un panorama sobre el estado de esas batallas. Si algo resalta, es la potencia que tienen estas palabras y la capacidad de resumir en pocos trazos aquello que haría tartamudear a cualquier dirigente político.

El kircherismo ha remozado una palabra de la antigua jerga política: cuadro. Lo usa para definir el nuevo look de la primera dama o para alentar a sus tibios candidatos electorales. No hay diccionario para refutarlos, pero aquellos que compartieron estas definiciones amuchados en el primer piso de la imprenta recuperada, conocieron la diferencia: cuadro es solo aquel capaz de pintarlo.

Martín, de Chilavert
"La primera etapa fue de confrontación directa con el Estado. Pero aquí en Capital, a partir de las 13 expropiaciones que pudimos arrancar y la entrada de Kirchner a la escena política con su campaña mediática, comenzó a bajar el nivel de conflicto. También es cierto que nuestro propio proceso nos llevó hacia adentro. Tuvimos que aprender a producir, a tomar decisiones en conjunto, a asumir responsabilidades para las que no estábamos preparados y eso nos lleva tiempo y energía. También, desde mi visión, hubo errores de la dirigencia que estaba llevando adelante este proceso y se partió eso que se veía como un movimiento y ahora son, cuanto menos, tres. Hay algunos más cercanos al gobierno, otros más combativos, pero lo cierto es que no hay una unidad o proyecto común que los sincronice. Esto marca el reflujo actual y la necesidad de reagruparnos y reorganizarnos. Y en este sentido, pesan las diferencias de experiencias que se han dado en cada fábrica, en relación a la posibilidad de tejer una red con otras organizaciones, de avanzar hacia otras batallas o quedarse en aquello que fue el grito inicial de generar trabajo".

Ernesto, de Chilavert
"La idealización de este movimiento tampoco ha sido buena para el proceso. Nuestra realidad incluye lo bueno y lo malo. Hay contradicciones y desigualdades. No todos tenemos como objetivo cambiar el mundo, aún cuando hayamos cambiado nuestro mundo. Y es muy difícil que todos vean que este mundo de 50 x 20, donde solo se hacen libros, no puede cambiar si el resto no cambia. Es muy importante para nosotros mantener, entonces, la reflexión y las relaciones con otras expresiones de la misma batalla. Es cierto que ahora no hay más ocupación de fábricas porque se ha frenado la desocupación y las empresas no echan gente. Pero también es cierto que están tomando gente pagándoles miseria y que por eso hay tantos conflictos gremiales. Nosotros no tenemos patrón, pero seguimos siendo trabajadores. Y con ellos tenemos que pensar esta batalla".

Valdemar, del MTD de Solano
"Nuestro movimiento nació en 1977. Fue el primer movimiento de desocupados de la zona sur y desde ahí hasta acá el proceso que vivimos fue de cambio contínuo. Cambió la organización y cambió el contexto.

En principio, nacimos como un movimiento reinvindicativo. Salimos a la calle para recuperar algo de todo lo que nos habían quitado. Y así accedimos a esos subsidios miserables que apenas alcanzaban para cubrir nuestras necesidades. En ese proceso, comenzamos a coordinar con otros movimientos, como la Verón, de donde nos fuimos en el 2003.

Desde el comienzo, nuestra intención no fue organizar un movimiento reinvindicativo, sino político. Nuestra intención no fue pedir planes, sino promover el cambio social. Nueve años después, nos preguntamos ¿logramos no depender de los planes? La respuesta es no. Todavía tenemos características asistencialistas y nuestro horizonte de cambio social se está alejando, porque mientras tengamos esta traba, va a ser difícil dar ese paso.

A pesar de habernoslo propuesto, nuestra economía autogestiva está en pañales. Y estuvo siempre en pañales, desde que nacimos. Trabajamos en un barrio como Solano que tiene 66.000 habitantes, con los lazos sociales destruídos, donde es díficil sembrar el espirítu comunitario. Y en los mejores tiempos, los compañeros que podían llegar a pronunciarse a favor de un cambio social sumarían unos 1.000. Es decir, tampoco hemos logrado ese famoso poder territorial.

Si me hubiesen preguntado esto mismo en el 2001, seguramente hubiese respondido otra cosa. Ahora me pregunto ¿a dónde quedó ese 2001?

Estamos pasando por una crisis y a partir de su reconocimiento estamos repensándonos. Estamos pensando, por ejemplo, si esta crisis nació con nosotros, sino es parte de nuestra esencia, si el cambio permanente al que nos somete esta lucha no es lo que somos.

Es cierto que todo aquello que proclamamos -horizontalidad, democracia directa- ha crecido, pero también es cierto que por momentos lo defendimos con fundamentalismos que nos cuesta reconocer.

Es cierto que somos un movimiento horizontal, que no tenemos jefes, pero también es cierto que esto le lleva a muchos compañeros a pensar que justamente por eso no tenemos obligación de nada. Si planteamos en una asamblea un corte, nos preguntan ¿hay obligación de ir? Y detrás de esa pregunta se esconde otra ¿qué beneficio obtengo si voy? No pudimos contra esa lógica de costo-beneficio, contra el individualismo.

Nos hacemos cargo de eso. Nos hacemos cargo de nuestros errores. Nos hacemos cargo de nuestro autismo, de las alianzas que hicimos y de las que no hicimos. Nos hacemos cargo y, no tenemos miedo de decirlo, que vemos una descomposición del llamado campo popular.

Nosotros, soluciones mágicas, no tenemos. A corto plazo, tampoco. Pero tampoco tenemos miedo de volver a empezar, de seguir en la búsqueda.

En ese proceso estamos hoy.

No creemos en que este sea un gobierno popular. No creemos en el Estado. Pero sabemos que nuestra autonomía frente al Estado tiene límites.

No creemos en el purismo, pero sabemos que no podemos condenar a aquellos compañeros que tienen hambre a renunciar a un plan, pero tampoco podemos condenar a aquellos compañeros que quieren más.

No culpamos a otras organizaciones de este proceso. Pero sabemos que cada uno debe asumir su parte de culpa, porque de esta crisis no vamos a salir solos".

Gabriel, de Gráfica Patricios
"Para nosotros hacer una cooperativa fue una herramienta que nos permitía organizar el trabajo, cuidar a la persona, darle importancia a cada uno y decidir entre todos que era lo mejor para todos. Para muchos, ese ya era un objetivo y para otros, una manera de empezar. Pero en el momento, todos coincidieron y el punto de coincidencia fue tener trabajo.

Hoy, se trata de avanzar hacia otro tipo de objetivos y ahí surgen las diferencias.

A nosotros nos sirvió encontrar otro punto en común: el barrio. Eso nos permitió dar un paso importante. Nos hizo crecer como cooperativa y como seres humanos. Tenemos un centro de salud, una escuela secundaria con orientación en el oficio gráfico y una radio. Pero todo eso lo queremos no para hacer proclamas, sino para comunicarnos con el barrio. Porque así como la cooperativa trata de compartir con el barrio, así recibe. Si algo aprendimos es que solo no se salva nadie. Y también que puede venir otra etapa y que necesitamos tener herramientas para defendernos. El barrio es esa herramienta. Y eso es algo que todos los compañeros comprenden. Ahí no hay diferencias".