PRENSA

Las obras, contadas por sus creadores

Ana Claudia García
Sobre una de las paredes del Palais de Glace se extienden las imágenes satelitales de "Mirada al sesgo (a contrapelo del subdesarrollo)", una investigación de la videasta Ana Claudia García cuyo disparador es el control social a través de la alimentación. En ese recodo del Palais en el que se ha generado una relación dialógica que integra su obra con las de Matthijs de Bruijne y Graciela Carnevale, esta mujer tucumana de 46 años expone las asperezas de una provincia de cultivos transgénicos, multinacionales y hambre.


¿Qué es "Mirada al sesgo (a contrapelo del subdesarrollo)"?

Es un trabajo de investigación sobre el avance del cultivo de soja en Tucumán, especialmente de las plantaciones de soja transgénica que no es apta para el consumo aunque se la promociona como sustituto de la carne y de la leche. En Tucumán se ha promovido su consumo sobre todo para los comedores infantiles dado que hay mucha desnutrición infantil. La mayoría de los investigadores científicos oculta o descree de los perjuicios de la soja transgénica en materia de salud. Gran parte de las investigaciones sobre este perjuicio está financiada por multinacionales. La soja transgénica genera un tipo de agricultura sin agricultores: está mecanizada y ocupa hoy un predio mayor al de la caña de azúcar. En este contexto y a nivel nacional, los agricultores argentinos tomaron a la soja transgénica como una novedad tecnológica más y comenzaron a probarla: en la campaña 1996/97 el 6% del total del área sembrada con soja fue implantada con la variedad genéticamente modificada. Este porcentaje alcanzó el 25% durante el período siguiente y siguió creciendo hasta alcanzar el 60% en el ciclo 1998/99, el 80% en 1999/2000 y el 90% en 2000/01. Actualmente, se estima que el 99% de la soja sembrada en la Argentina es transgénica.

¿Cómo fue su acercamiento a este tema?

Empecé a trabajar con el grupo de Ex Argentina en 2003, a través de una investigación donde actualicé los datos de la década del sesenta con los que habían trabajado los sociólogos de Tucumán Arde. A partir de ahí me fui informando a través de Internet y del Grupo de Reflexión Rural sobre el monocultivo de la soja transgénica en la Argentina, cuya semilla está patentada por Monsanto, una multinacional que empezó con la industria química, ahora está en la biotecnología y experimenta en países del Tercer Mundo con una soja que es para forraje y no para consumo. A la soja transgénica le han manipulado un gen, una fitohormona, para que sea resistente a un plaguicida que se llama glifosato. Este herbicida mata todo lo que encuentra no sólo en el área específica, sino también en los alrededores. Agota el suelo. Está comprobado que, a través del glifosato, quienes consumen esta soja exclusiva para forraje, sufre de trastorno hormonales serios, sobre todo en la adolescencia.

¿Por qué decidió utilizar imágenes satelitales?

Porque si ves a través de un satélite todo parece una mirada neutral, incluso naif, paisajística, y hay como una especie de distanciamiento sobre lo real de los sujetos, los padecimientos de los sujetos. Yo doy clases de arte en una sede de la Universidad Nacional de Tucumán que queda a 90 kilómetros de la capital de la provincia, en Aguilares, un pueblo muy pequeño que depende de un ingenio. La mayoría de mis alumnos son hijos de obreros y gente que vive muy distante... Esos 90 kilómetros hacia la capital son 90 kilómetros reales, se sienten hasta como extranjeros. En los mapas hice, además, una intervención. Voy a colocar unas pequeñas fotografías para intentar poner en oposición el modo en que vive una clase privilegiada relacionada con todos estos pools de empresas y cómo vive hace años un obrero tucumano. Son fotografías que se sacaron hace dos años. Fotografías donde parece que el tiempo se ha detenido. Hubo un avance, hubo un gran desarrollo capitalista en el agro que desmiente esa especie de subdesarrollo.

La obra de Ana Claudia García puede conocerse en La Normalidad, tercer capítulo del Proyecto Ex Argentina producido por el Goethe-Institut. En el Palais de Glace, desde el 15 de febrero al 19 de marzo, de martes a domingos de 14 a 20, con entrada libre y gratuita.