La Normalidad
Del 15 de febrero al
19 de marzo de 2006
Palais de Glace
Posadas 1725
Buenos Aires
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Buenos Aires 2003
La Crisis de la representación

Colectivo Situaciones
Sobre la diferencia entre "diferencia" y "desigualdad". Comentario a "Los movimientos post-socialistas, el acontecimiento y la política" de Maurizio Lazzarato

Pocas veces nos ha tocado comentar un texto con el que tenemos tanta empatía, en fin, que de alguna forma nos hubiera gustado escribir a nosotros mismos.

Pero tanta simpatía nos hace vacilar: ¿qué es lo que nos atrae de la palabra de Lazzarato? ¿Aquello que nosotros mismos querríamos haber podido decir con esa erudición y profundidad (es decir aquello que viene a alimentar lo que, por vías no idénticas, ya venimos pensando)? ¿O el hecho de toparnos con alguien que nos presenta obstáculos, nos perturba, al llevar ciertas líneas de argumentación hasta sus límites?

La ponencia que acabamos de escuchar impacta sobre todo, creemos, porque de una sola vez se nos dice que una forma de pensar ha agotado sus potenciales y que otra, aquella fundada en la multiplicidad -que se despliega desde hace mas de un siglo-, ha venido a inscribirse en un espacio que hasta ahora le era esquivo: el terreno de la política y las luchas sociales. Maurizio mismo nos ha adelantado algunas pistas sugerentes para comprender los alcances de este acontecimiento.

Las perturbaciones que nos causa el texto de Lazzarato arrastran ciertos dilemas que atraviesan la posibilidad de un diálogo en el que -al menos eso quisiéramos- la universalidad del pensamiento se deje afectar por las marcas de situaciones diversas, de contextos -en varios sentidos- diferentes. En otras palabras: se trata de preguntarnos -y de preguntarle también a Lazzarato, claro- por las condiciones en las que es posible un intercambio de experiencias.

Nuestra impresión es que en las palabras de Mauricio es posible destacar algunas relevantes para nuestras propias búsquedas:

En primer lugar -como queda suficientemente dicho- la radicalización de una "ontología de la multiplicidad". Que se entienda: no se trata sólo de anunciar la multiplicidad. Esta ya fue lo suficientemente anunciada. Mas bien se trata, ahora, de operar una radicalización del pensamiento que permita incorporar esta ontología de lo múltiple a la investigación social. Si la filosofía de la multiplicidad -a la que Lazzarato llama "monadología", siguiendo a Leibniz, Tarde y Deleuze- ya había sido liberada de las garras de la unidad divina y luego del determinismo moderno, se nos invita ahora a realizar una doble operación: la de releer nuestra propia historia bajo el signo de lo múltiple, y la de aprehender el mundo bajo el signo de la "diferencia".

En segundo lugar, percibimos en Lazzarato una preocupación notable por orientar las coordenadas del pensamiento según las exigencias y dinámicas de las prácticas sociales. Este aspecto no nos resulta nada menor. De hecho nos remite a una indagación sobre la politicidad misma del conocimiento. Aquí no se trata de pensar al servicio de la política, sino de descubrir al interior mismo del pensar la confluencia, el diálogo y la interacción, entre los devenires de la investigación y las posibilidades que se abren (y se agotan) a partir de las dinámicas sociales. En un texto reciente, el Subcomandante Marcos hablaba de un pensar "desde y con" las experiencias sociales radicales. Los pocos estudios de Mauricio que circulan en español (siendo que no se ha publicado aún ni uno solo de sus libros) nos hablan precisamente de esta perspectiva, que surge de la valoración de la experiencia, y de la capacidad constituyente de las luchas y los movimientos radicales (teniendo siempre en cuenta que la propia radicalidad es pensada ahora según las claves de la diferencia y la multiplicidad. Es a estas experiencias a las que Maurizio se refiere cuando habla de "movimientos post socialistas").

Quisiéramos recordar, en tercer lugar, que esta característica de un pensar "propiamente político" (en el sentido de que se pretende parte y condición d e un proceso subjetivador), es una de las claves ya presentes a lo largo de una cierta tradición del pensamiento radical italiano: no es difícil detectar en Lazzarato esa "marca de fábrica" que consiste en anudar la dinámica de los conceptos y de las resistencias sociales bajo las consideraciones de la política.

En cuarto lugar, Lazzarato desarrolla una serie de conceptos que le permiten pasar de un pensamiento unidimensional -que trabaja a partir de una escena única con actores definidos de manera estructural y según una lógica de la contradicción (y, en general, del "entre dos")- hacia lo que él llama los movimientos "post socialistas". Si los movimientos socialistas y comunistas desplegaban su universalidad sobre la base de la igualdad, subordinando al mismo tiempo toda dinámica social a la estructura del Estado, los nuevos movimientos, en cambio, se caracterizan por las formas en que intentan zafar de esta trampa, inventando modalidades diversas de sociabilidad a las que Lazzarato identifica como una "política de la diferencia".

Y bien, son -precisamente- estas dinámicas de las luchas "post socialistas" las que nos dan "qué pensar" respecto de las operaciones de subjetivación de estos movimientos desarrollan.

De un lado, se trata de una cierta capacidad -indispensable- de sustracción respecto del mundo (del mundo como Uno, como lo único posible) tal como aparece configurado por los "mass media", las instituciones y las formas hegemónicas de la representación. Esta sustracción implica un redescubrimiento de la multiplicidad, una inmersión en su dinámica. Esta es una condición de toda radicalidad. Este sumergirse en la multiplicidad permite la constitución de un bloque de espacio-tiempo capaz de proveer de recursos subjetivos a las resistencias.

La sustracción, a su vez, no comporta un olvido del nivel institucional, mediático, y, en general, "representativo", sino que mas bien conlleva la exigencia de una ductilidad tal que permita a los movimientos un desarrollo complejo, en varios niveles. Por ello, la segunda condición de los "movimientos post socialistas" parece ser -según Lazzarato- su extrema flexibilidad para trabajar en los dos ámbitos de manera simultánea.

En un plano, el representativo, se juegan todos aquellos asuntos ligados a la igualdad (económica, jurídica, etc). En el segundo plano -al que no se accede sin la lucha y la escisión- se produce la creación de la diferencia, como puesta en multiplicidad. Lazzarato ve en el movimiento feminista un ejemplo de esta operatoria.

Nos surgen aquí algunas reflexiones:
Maurizio plantea que la lucha por la igualdad es la base pero no el horizonte de la lucha por la emancipación. El movimiento es portador de un sentido igualitarista, pero en tensión constante con su vocación diferencial. Las sensibilidades socialistas y comunistas han absolutizado a tal punto la tendencia igualitarista que han concluido por expulsar toda vocación por la multiplicidad. Y bien, este es un peligro para la constitución de una "política de la diferencia": el riesgo es que el énfasis igualitarista devenga corporativismo e integración a la política en el Estado.
Y bien: nos da la impresión de que la relación entre "igualdad y diferencia" , tal como aparece en la discusión que Lazzarato mantiene en su texto con Ranciére, precisa de un desdoblamiento de la noción misma de "igualdad". Igualdad aparece aquí -al menos- de dos formas: como lo "otro de la diferencia", y como "lo otro de la desigualdad". Habría, así, una igualdad "positiva" que es aquella que se opone a la "desigualdad" (en el sentido jurídico institucional). Pero hay una igualdad "negativa", que se opone a la diferencia, homogeneizándola e impidiendo la singularización (subjetivación), base de toda creación. La desigualdad es presentada como el obstáculo específico al que deben enfrentarse los movimientos en el primer nivel, mientras que, paradójicamente, la igualdad misma se torna obstáculo cuando opera el segundo, impidiendo la subjetivación. De hecho, esta igualdad se confunde adrede con la primera, bloqueando así la producción del segundo nivel. Para Maurizio los movimientos "post socialistas" son aquellos que acentúan la diferencia, precisamente, para acceder a este nivel "profundamente político" que es la creación de otros mundos posibles, así como la composición entre ellos.
Es claro que en Europa o EE.UU la subjetivación de la que nos habla Lazzarato implica a su vez un cierto tipo de desubjetivación. Podríamos decir que esa desubjetivación consiste en sacarse al Estado de las cabezas, y en construir una autonomía efectiva respecto de un Estado que, a pesar de las tendencias neoliberales actuales, es aún notoriamente omnipresente, cooptador e inclusivo.
De allí el énfasis en la substracción y la diferencia, y en la postulación de que la igualdad, siendo necesaria, puede tornarse un peligro cuando se extiende como valor absoluto. Para el caso de los movimientos radicales latinoamericanos tal vez puedan plantearse al menos dos diferencias generales en este proceso de subjetivación: por un lado el Estado ha disminuido -aunque no agotado- su capacidad inclusiva. Carece de la omnipresencia de antaño -lo que es especialmente evidente en Argentina.
Otra diferencia podría ser la imposibilidad de diferir en el tiempo y en el espacio -por parte de los movimientos- el aspecto igualitario del proceso subjetivador, desde el momento en que ambas (diferencia e igualdad) son requeridas simultáneamente bajo la exigencia de producir un principio alternativo de reproducción social. Principio que se despliega en el segundo nivel como el desarrollo singular (diferencia) de lo común (igualdad). Y que se expresa en el segundo nivel como una presión por la igualdad contra la desigualdad, en un esfuerzo extremo por mantener la autonomía política y organizativa.
La discusión que proponemos, entonces, a partir de la intervención de Maurizio puede ser planteada del siguiente modo: sostenemos que las luchas radicales, al menos en el tercer mundo, funden de un modo radical las nociones de diferencia -subjetivación- con la de igualdad -lo común, como conjunto de potencias productivas, creativas, e innovativas (tanto intelectuales como materiales)- requiriendo del Estado y las instituciones representativas un reconocimiento de hecho y de derecho, que es puesto a trabajar como recurso de la propia subjetivación.
¿Cómo interpretar entonces la prevención de Lazzarato en el sentido de que la igualdad sin subjetivación es sólo afirmación de las subjetividades subordinadas? Nosotros diríamos -suponemos que de acuerdo con Maurizio- que las claves de una nueva radicalidad consisten en impedir que la "igualdad" sea la extorsión con la que los Estados, los partidos políticos, los sindicatos y los grandes medios -con sus intelectuales- impidan el desarrollo de otros niveles de la lucha social y política, es decir que no se bloquee, por medio del chantaje igualitarista, la experiencia de la multiplicidad.

Breve postcriptum

En la Argentina actual se han desencadenado ciertas dinámicas, por lo menos desde las elecciones de abril y más aún desde la asunción del presidente actual, que consisten en dar por muerta la irrupción de una miríada de movimientos y experiencias sociales radicales.

La interpretación suele venir, según Deleuze, luego de la experimentación. Mientras la experimentación implica una experiencia que nos (re)hace, la interpretación nos confirma precisamente como eso inmutable que "opina sobre" (lo mutable), sin ser sometido a la intensidad de la experiencia.

Conversando ayer con algunos amigos del Grupo de Arte Callejero (GAC), veíamos la fiesta actual de las "interpretaciones" como una discusión entre médicos forenses, como una larga conversación de velatorio. Y bien, como suele ocurrir, no es el velatorio lo que vela al muerto, sino, precisamente, lo que lo mata.

Las palabras de Lazzarato nos brindan una inmejorable oportunidad para cuestionar esta atmósfera de funeral: la multiplicidad, la radicalidad de la que hemos estado conversando no es una política simétrica con las políticas que priorizan la centralidad del Estado. No compite con ellas, ni trabaja en el mismo plano. Al contrario: su eficacia consiste en abrir lo que la política oficial pretende cerrar: la existencia de un mundo acabado, aquel constituido por los grandes medios y la operatoria de las instituciones estatales.

No es que no haya velatorio, cuanto que hemos confundido la identidad del muerto: no se trata, como habitualmente se cree, del cuerpo que continúa elaborando experiencias que abren hacia la multiplicidad, sino del que pretende hacer de la "multiplicidad" una nueva ocasión para mercantilizar lo que surge como creación de las resistencias.

De allí que nos neguemos a asumir el trabajo de pensamiento (o el de la expresión artística) como aquello que acompaña desde afuera o "a posteriori" a las experiencias, menos aún cuando el pensamiento y la forma existen como elementos internos, activos, vivos, de una experimentación que no damos por agotada.